jueves, 26 de marzo de 2015

Discurso de Steve Jobs en la Universidad de Standford 2005

Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestro comienzo en una de las mejores universidades del mundo. La verdad sea dicha, yo nunca me gradué.
A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria.
Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.
La primera historia versa sobre “conectar los puntos”.
Dejé la Universidad de Reed tras los seis primeros meses, pero después seguí vagando por allí otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo del todo. Entonces, ¿por qué lo dejé?
Comenzó antes de que yo naciera.
Mi madre biológica era una estudiante joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer.
Solo que cuando yo nací decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña.
Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a medianoche preguntando:
“Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?”
“Por supuesto”, dijeron ellos.
Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad.
Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres, de clase trabajadora, los estaba gastando en mi matrícula.
Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo.
Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien.
En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado.
En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a meterme en las que parecían interesantes. No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del envase para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna.
Me encantaba.
Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.
Os daré un ejemplo.
En aquella época la Universidad de Reed ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano.
Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía.
Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía.
Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante. Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, todo eso volvió a mí.
Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera ahora. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.
Por supuesto, era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.
Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.
Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.
Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.
Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados.
Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30.
Y me despidieron.
¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado?
Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a ser distinta y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte.
Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria.
Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido y fue devastador.
Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores, que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de HP] y Bob Noyce [Intel], e intenté disculparme por haberlo fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley].
Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.
No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado.
Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida. Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa.
Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.
Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes.
El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando.
No os conforméis.
Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis.
No os conforméis.
Mi tercera historia es sobre la muerte.
Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida.
Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante.
Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón.
Hace casi un año me diagnosticaron cáncer.
Me hicieron un chequeo a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir.
Significa intentar decirle a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.
Viví todo un día con ese diagnóstico.
Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células al microscopio el médico comenzó a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía.
Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:
Nadie quiere morir.
Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.
Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro.
No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros.
No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior.
Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición.
De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser.
Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google, era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos. Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número.
Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad.
En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si sois aventureros. Bajo ella estaban las palabras:
“Sigue hambriento. Sigue alocado”.
Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado.
Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso a vosotros.
Seguid hambrientos. Seguid alocados.
Muchísimas gracias a todos.

domingo, 22 de marzo de 2015

El bebé de Alison

5 de diciembre de 2011.-Alison Lapper, una mujer con un cuerpo pequeño y deforme que nació sin brazos, artista que pinta con Alison Lapper y Parys.la boca y trabaja con la fotografía artística y digital, fue abandonada por su novio cuando quedó embarazada en 1998. Alison decidió seguir adelante a pesar de las dudas y el temor de que el bebé heredara su deficiencia. Parys, su hijo, nació en 1999 perfectamente sano, ella le dio el pecho un buen tiempo y continuó con su trabajo como pintora y artista gráfica, como cualquier madre independiente.  Ahora su hijo tiene 12 años. Al principio le preocupaba lo que pasaría con su hijo y se decía "algún día Parys se avergonzará de mí", más  eso no ha pasado. Alison ha incluido a su hijo en varias de sus obras fotográficas.
Alison cuenta su testimonio de superación y en favor de la vidaen el vídeo que publicamos, un reportaje emitido en 2001 por el programa de RTVE “Documentos TV”.
Alison Lapper nació el 7 de abril de 1965 en Burton, Staffordshire, Inglaterra. Hasta el momento del parto sus padres y los médicos no detectaron ningún problema. Sin embargo, Alison nació perfectamente pero con una particularidad que le marcaría de por vida, no tendría brazos y sus piernas serían más cortas de lo normal.
En su infancia, Alison fue abandonada por sus padres. Tenía cuatro meses cuando su madre aceptó verla por primera y última vez. A su padre no le conoce. Eran obreros de una fábrica automovilística en el condado de Yokshire y se separaron cuando ella nació. También tiene una hermana, sin minusvalías, tres años más mayor a la que apenas conoce.
Por lo tanto, Alison pasó toda su infancia en un colegio de disminuidos rodeada de otros niños que se parecían a ella físicamente. “Éramos varios niños sin miembros, a consecuencia de la ola de la talidomida. Para nosotros era difícil adquirir el equilibrio. No podíamos estar sentados sin caernos y éramos incapaces de levantarnos. Entonces, nos cogían y nos colocaban sobre un zócalo de escayola. Éramos niños de exposición“, recuerda Alison sonriendo.
Desde que tenía tres meses han intentado implantarle brazos y piernas artificiales. Pero ella misma afirma que aquello  era pesado y poco confortable. “Con esos aparatos me sentía más torpe todavía. Desde que supe hablar pedí que me los quitaran. La gente abusa de su poder sobre los niños. De hecho, esas prolongaciones no me las ponían tanto por mi bien cuanto por el suyo“.
Cuando cumplió 12 años comprendió realmente que era minusválida. “Hasta entonces estuve demasiado ocupada siendo niña“. Pero en este momento abandonó la niñez para adentrarse en la pubertad y comenzó a comprender su diferencia. Con violencia fue arrojada fuera de la infancia para convertirse en una mujer; las líneas de su cuerpo comenzaban a diseñarse y ella deseaba ser bella y seductora. Sin embargo, supo salir adelante.
Ella  no se resignó y, con 19 años, viajó sola a Londres para diplomarse en Bellas Artes y convertirse entonces en una reconocida pintora.
Comenzó a pintar a los tres años. “Pinto con la boca a golpe de pequeños movimientos secos de cabeza, como hacen esos perros colocados en el salpicadero del coche“, explica. Su pintura ha obtenido el reconocimiento y ha sido premiada con la mayor condecoración de Inglaterra, el Member of the British Empire (MBE) por los servicios prestados al arte. Se la entregó la reina en persona. “No sé cuáles son exactamente esos servicios. Tampoco sé quién me propuso para este título. El voto es anónimo. Quiero creer que sólo se ha juzgado mi trabajo artístico y no mi deformidad”.
A lo largo de su vida ha tenido que soportar exclusiones y miradas de rechazo por ser diferente,  pero ha sabido ver el lado positivo y salir adelante.
A los 33 años Alison quedó embarazada pero al igual que con sus padres, también fue abandonada por su novio, pero ella decidió seguir adelante a pesar de las dudas y el temor de que el bebé heredara su deficiencia.
El artista inglés Marc Quinn le realizó una escultura en su honor titulada "Alison Lapper Embarazada". La estatua estuvo lista para ser presentada en el 2005, entró a concurso para poder ocupar el llamado "Cuarto pedestal" de la histórica Plaza de Trafalgar, la estatua de mármol blanco mide 3.6 metros de altura y pesa 11.5 toneladas, estuvo ahí desde septiembre de 2005 hasta el 2007, cuando fue remplazada por otra mediante otro concurso.
http://www.caminocatolico.org/home/index.php/videos/videos-de-testimonios/2718-alison-lapper-sin-brazos-y-abandonada-por-su-novio-al-quedarse-embarazada-decidio-tener-a-su-hijo-
http://www.rtve.es/alacarta/videos/documentos-tv/2001-bebe-alison/1030542/

sábado, 21 de marzo de 2015

10 Valores fundamentales para educar


10 valores fundamentales para educar en el siglo XXI

Iniciamos la semana con un post interesante, un decálogo de valores para educar en este siglo XXI. El post original es de Salvador Rodríguez Ojaos (). Os lo dejo de forma íntegra.
Cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje transmite algún contenido, pero inevitablemente también algún valor. Paradógicamente, el mismo hecho de intentar educar de forma neutra, sin transmitir valores, es una forma de transmitirlos.
La agonía de la escuela “sin valores” es cada vez más evidente. Se ha acentuado en los últimos años por la incorporación en las aulas de la enseñanza por competencias. La educación competencial supera el concepto de instrucción incorporando también la formación del carácter: “Toda educación es para la acción y esta acción debe ser creadora.” (José Antonio Marina)
La escuela, inevitablemente, siempre ha estado alejada de la “realidad” de los alumnos, pero en la actualidad la brecha se ha convertido en un abismo. Y eso es algo que nuestra sociedad no puede permitirse. En realidad, podemos afirmar que los niños más escolarizados de la historia son también los más desamparados, pues están integrados en una escuela severa, exigente, hostil, sin entender lo que reciben a cambio -si es que en realidad están recibiendo algo que les resulte significativo. Un adulto trabaja ocho horas al día a cambio de un salario, los alumnos también trabajan durante muchas horas y casi siempre perciben que no reciben nada a cambio.
Por ese motivo muchos alumnos abandonan la escuela y lo hacen como un fracaso, como si hubieran sido derrotados. Esto los pone en una situación de desamparo difícil de asumir. Según datos de la Unesco: 31 millones de niños abandonaron la escuela en el mundo durante el año 2011. ¡El dato es demoledor!
A continuación quiero tratar los 10 valores (aunque puede haber muchos más) que, en mi opinión, son esenciales en la educación del siglo XXI:
1. Flexibilidad: Perder el miedo a los cambios, adaptarse a ellos. Es un valor imprescindible para esta sociedad en la que los cambios se han acelerado exponencialmente. Implica también que la educación debe ser continua, se aprende durante toda la vida. “Nada es permanente a excepción del cambio.” Heráclito
2. Curiosidad: Tiene que ver con el espíritu investigador, con las ganas de conocer lo que nos rodea. Es el motor del aprendizaje. “El aburrimiento se cura con curiosidad. La curiosidad no se cura con nada.” Dorothy Parker
3. Autonomía: Ser capaz de hacer ciertas cosas por uno mismo, sin depender de nadie. También tiene que ver con tener ideas propias. “La gente suele decir que tal o cual persona no se ha encontrado todavía a sí mismo. Pero la autonomía no es algo que uno encuentra, es algo que uno crea.” Thomas Szasz
4. Emprendimiento: Muy relacionada con la autonomía, es la capacidad de actuar responsablemente sabiendo lo que se hace (proyecto) y prever las consecuencias. “Emprender, una forma de ser, una forma de hacer, una forma de vivir… una forma de enseñar.” Maria Batet (@mariabatetr)
5. Creatividad: Dar soluciones distintas a situaciones comunes o buscar respuestas a nuevas situaciones. Significa buscar nuevos caminos, cambiar la mirada, la perspectiva. “La creatividad se aprende igual que se aprende a leer.” Sin Ken Robinson
6. Tolerancia: Es la base para la vida en sociedad. Es tener respeto por las personas con las que convivimos, aunque tengan diferente cultura, religión, opiniones políticas, etc. “Todos estamos llenos de debilidades y errores; perdonémonos recíprocamente nuestras tonterías: es ésta la primera ley de la Naturaleza.” Voltaire
7. Cooperación: Colaborar con los demás, compartir ideas, opiniones nos hace mejores, da mejores resultados. La cooperación tiene más sentido cuando siendo autónomos, elegimos compartir. “Yo hago lo que usted no puede, y usted hace lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas.” Madre Teresa de Calcuta
8. Responsabilidad: Ser conscientes de que lo que hacemos o lo que dejamos de hacer puede tener ciertas consecuencias sobre los demás o sobre uno mismo. “La libertad significa responsabilidad. Es por eso que la mayoría de los hombres la ignoran.” George Bernard Shaw
9. Transparencia: Ser honesto con uno mismo y con los demás. Es un valor fundamental para trabajar en equipo. “Lo que las leyes no prohiben, puede prohibirlo la honestidad.” Lucio Anneo Séneca
10. Entusiasmo: Es lo que nos impulsa a actuar, a llevar a cabo cualquier proyecto. “No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; trabaja, aspira, tiende siempre hacia la altura.” Rubén Dario “



http://www.equipoagora.es/Escuela-de-padres/El-valor-educativo-del-esfuerzo.htm

César Bona, el mejor profesor de España



Se siente privilegiado por ser maestro y porque, como él mismo reconoce, trabaja «con fuentes infinitas de imaginación», las que día a día le proporcionan sus alumnos de Primaria. César Bona es un docente de 42 años, que durante estos días no da abasto con su agenda: se ha convertido en el único profesor español que figura entre los 50 finalistas del Global Teacher Prize,un premio internacional que se puede considerar el «nobel» de la enseñanza,dotado con un millón de dólares (unos 800.000 euros). Para él ser candidato a tan alto galardón es otro «privilegio» que conserva, ya que «está representando a cientos de maestros cuyos proyectos no se conocen y que hacen cosas muy bonitas con sus alumnos. A partir de ahora se les va a valorar más. La gente va a ver que no es una locura trabajar los valores, la empatía, la sensibilidad y las emociones», piensa.
El profesor español, candidato al «Nobel» de la enseñanzaA muchos la forma de enseñar de Bona les sorprenderá enormemente. Cuando llegó al colegio de Muel, un pueblecito de Zaragoza de apenas 1.400 habitantes, tiró los libros al suelo. «La prioridad de sacar diez está confundida —afirma—. Lo primero es el respeto por todo los que tenemos alrededor, saber que todo cuesta un esfuerzo y ser una persona íntegra». Iniciaba así uno de sus proyectos educativos que más premios ha cosechado.

Su proyecto más reconocido

Al pueblo llegó un circo, acontecimiento que Bona aprovechó para encargar un trabajo a sus alumnos de 4º de Primaria. A partir de ahí doce de ellos crearon una protectora virtual de animales, que gestionan sólo los chicos con la supervisión del profesor. Se llamó «El cuarto hocico». Hoy es una red global de escuelas agrupadas enChildren for Animal, donde niños de todo el mundo defienden la importancia de respetar a los animales.
Se trataba de que los alumnos de Muel aprendieran a respetar el medio ambiente, a empatizar, a desarrollar el espíritu crítico... Y a comenzar a instruirse en la vida: «Aprendieron a no quedarse parados ante una injusticia y a dar un paso adelante. Serán en el futuro adultos más sensibles, solidarios y comprometidos», cree firmemente el maestro.
Pero Bona no sólo consiguió esos objetivos, sino que los chicos también aprendieron Historia, Geografía, mitología, inglés... «El cuarto hocico» empezó a sumar premios nacionales e internacionales como proyecto educativo. Por ejemplo, cuenta con el reconocimiento y el apoyo de la prestigiosa primatógola Jane Goodall, a quien los alumnos conocieron en persona, algo que nunca olvidarán. Los chavales dieron una conferencia en la Universidad Autónoma de Barcelona; hablaron con diputados y senadores de las Cortes españolas transmitiéndoles sus convicciones... Vencieron la timidez y aprendieron a hablar en público, otra de las máximas educativas de Bona. Como entrenamiento, el profesor animó a sus alumnos a subirse a las mesas en clase y exponer temas como la Revolución francesa; quién era José Saramago o Mark Twain. Con esta experiencia, los chicos tuvieron además la oportunidad de participar en la sociedad. «Es la base del cambio que hace falta», asegura el profesor.

También toca el cajón

A César tampoco le olvidan en el CP. Fernando el Católico, que se encuentra en un barrio marginal de Zaragoza. Entonces no se desalentó con un grupo de chavales de diez años que no sabían leer. La mayor parte era de etnia gitana y con un alto absentismo escolar. Invitó a los alumnos a que le enseñaran a tocar el cajón y escribió varias obras de teatro en las que participaron todos. «Tengo la fortuna —dice— de que me visita el niño que yo era. Pienso muchas veces como si fuera un niño.Si les escuchas descubres cosas interesantes e inspiradoras».Al final del curso, no sólo logró que sus alumnos leyeran, sumaran, restaran... sino que ya no faltaban a la escuela.
En Bureta, otro pueblo de Zaragoza de 250 habitantes, Bona estimuló la creatividad de los únicos seis alumnos del colegio, estrechó los lazos entre ellos y entre dos familias que no se llevaban nada bien. Le bastó ayudar a los alumnos a realizar una película de cine mudo:«La importancia de llamarse Applewhite» se tituló, premiada por el Ministerio de Cultura.

«Los maestros debemos agujonear la curiosidad»

La mejor maestra del mundo



Nancie Atwell sus más de 40 años de experiencia como profesora no le han «quemado» ni sus energías ni su ilusión. «Me encantan los desafíos y me encanta mi vida como profesora. Espero poder transmitir a los jóvenes que la educación es un privilegio», asegura esta maestra estadounidense que ha sido galardonada con el primerGlobal Teacher Prize, el premio dotado con un millón de dólares (unos 950.000 euros) que quiere convertirse en el «Nobel de la enseñanza».
NancieLa Fundación Varkey, impulsora de este premio al que se presentaron 5.000 aspirantes de todo el mundo, cree que Atwell «representa todo lo que hace a alguien ser un excelente maestro» por su «constante innovación en sus más de 40 años de enseñanza, tratando de formar ciudadanos del mundo en el aula» y por ser «un líder en el campo de la educación». Su trabajo, subraya la fundación, beneficia «no sólo a sus estudiantes, sino también a otros maestros, a su comunidad y al mundo».
«He aprendido y sigo aprendiendo cómo hacer que una escuela sea un lugar de felicidad y sabiduría para mis estudiantes y para mí», dijo Atwell durante su discurso de aceptación del premio.
Profesora desde 1973, Atwell fundó en 1990 el Centro para la Enseñanza y el Aprendizaje (CTL) en Edgecomb (Maine), donde lleva a la práctica y comparte sus ideas para mejorar la enseñanza de la lectura y la escritura. Atwell, que descubrió su pasión por la lectura cuando una fiebre reumática la postró en la cama siendo niña, presume con orgullo de que sus alumnos leen unos 40 libros al año, frente a los seis u ocho que leen la mayoría de los estudiantes de séptimo y octavo grado. ¿Cómo lo consigue? El secreto, dice, es dejar que el niño elija los libros que quiere leer y los temas sobre los que quiere escribir.
«Cada año, mis alumnos de séptimo y octavo grado eligen y leen entre 30 y 100 títulos. Devoran los libros porque la biblioteca de la clase está llena de historias interesantes de escritores serios, porquetienen tiempo para leer en el colegio, porque esperan poder leer cada noche en su casa y porque 35 años de experiencia me han enseñado que mi trabajo es leer, disfrutar y recomendar literatura para jóvenes a los jóvenes a los que enseño», explicaba la propia Nancie en un artículo en 2010.
En el CTL, donde acuden unos 75 estudiantes, las clases son pequeñas (de 16 a 18 estudiantes) y disponen de decenas de miles de librospara elegir, según señalan en su web.
Un niño sentado en una habitación tranquila con un buen libro «no es un método de enseñanza llamativo o comercial», pero es la manera de que alguien se convierta en un lector, destaca Atwell, aunque avisa de que tampoco el taller de lectura es una sala de lectura silenciosa prolongada. Hay lectura en voz alta, explicaciones sobre lo que se lee, se explica el significado de palabras desconocidas, la entonación de las frases... «El taller de lectura es una de las cosas más simples y más difíciles que hacemos. Es también el más valioso», añade.
Su meta es que los estudiantes se conviertan en «apasionados, habituales y críticos lectores» y que la lectura les convierta en personas «más inteligentes, más felices, más justas, y más compasivas, debido a los mundos que experimentan dentro de esos cientos de miles de líneas de impresión».
«La nuestra no es una población privilegiada de los estudiantes», advierten en el centro, entre cuyos alumnos también hay niños con TDAH, problemas de aprendizaje o dislexia. Es un objetivo «posible» convertir a los niños en lectores, asegura.
Leer es también el camino para escribir bien, todo un arte que requiere de tiempo, según defiende la fundadora de esta innovadora escuela a la que han acudido más de 600 profesores a lo largo de estos años para aprender métodos de enseñanza más eficaces. En sus talleres de escritura, los estudiantes pueden desarrollar sus propios temas, escribir en distintos géneros, consultar sus borradores con sus maestros y compartir sus ideas. Algunas de las reseñas de los libros que han leído los alumnos del taller se publican en la web del centro y los propios niños confeccionan sus listas de recomendaciones.
La propia Atwell es una autora consagrada, con nueve librospublicados sobre educación. Del más conocido, «In the Middle», ha vendido medio millón de ejemplares y va por su tercera edición. Obra de referencia para los profesores anglosajones, contiene procedimientos detallados, mini lecciones reproducibles, técnicas y estrategias para inculcar la pasión por los libros.
«Estoy convencida de que la enseñanza de las artes del lenguaje es una de las grandes carreras: exige tiempo y energía, pero está llena de significado, vale la pena y es interesante. (...) ¿Qué trabajo podría ser más satisfactorio?», dice Nancie Atwell.
César Bona, el único profesor español entre los 50 finalistas al Global Teacher Prize, destaca en su Facebook una frase de Atwell en la ceremonia de entrega en Dubai: «Innové sin permiso». «A veces suele ser el único camino, pero hay que probarlo», dice el maestro del colegio público Puerta de Sancho de Zaragoza.

LOS FINALISTAS
En esta primera edición del Global Teacher Prize han participado 5.000 profesores. Primero se seleccionaron 40 finalistas, entre los que estaba el español César Bona, y luego la lista se redujo a diez. Además de Nancie, en esta última selección se incluían otros docentes con una visión educativa y unos métodos de enseñanza muy interesantes:
  • Kiran Bir Sethi, que tiene su propia escuela en Ahmedabad (India), donde apuesta por la imaginación, la emoción y la libertad como caminos del aprendizaje.
  • Guy Etienne, que enseña tanto a niños como a profesores en Puerto Príncipe (Haití).
  • Jacque Kahura, profesora de Primaria en una zona rural de Kenia.
  • Phalla Neang, que trabaja con niños ciegos en Camboya.
  • Stephen Ritz, que da clases en el Bronx y ha creado con sus alumnos más de cien jardines y zonas de cultivo en Nueva York.
  • Azizullah Royesh, un profesor autodidacta que enseña a niñas y niños afganos en su escuela sin ánimo de lucro.
  • Madenjit Singh, que ha diseñado su propio sistema de enseñanza de inglés para niños de zonas rurales en Malasia.
  • Richard Spencerç, un profesor de Reino Unido que enseña biología de una forma diferente, para involucrar y emocionar a sus estudiantes.
  • Naomi Volain, profesora estadounidense que apuesta por clases interactivas y centradas en despertar la curiosidad de sus alumnos. 
- See more at: http://www.aulaplaneta.com/2015/03/17/noticias-sobre-educacion/la-pedagoga-estadounidense-nancie-atwell-gana-el-global-teacher-prize/#sthash.Djgj1k7b.dpuf


domingo, 15 de marzo de 2015

Camino a la Escuela

Carlos Yáñez, de 13 años, lleva desde los seis yendo al colegio montado en su caballo Chiverito. Todas las mañanas se levanta a las 6.00 horas y recorre 18 kilómetros de la Patagonia argentina, con su hermana Mica detrás, hasta que llegan a la escuela más cercana. Su casa está en mitad de la nada. No tienen electricidad ni agua corriente. "El agua la traemos de un pozo, con una manguerita, y la vamos calentando en un recipiente para bañarnos", cuenta Nélida, su madre. El chico, a su lado, guarda silencio.
La historia de Carlos Yáñez forma parte de un documental, Camino a la escuela, que relata las dificultades geográficas a las que se enfrentan cuatro niños de Argentina, la India, Marruecos y Kenia para acudir cada día al colegio. La película, que se estrena la semana que viene en los cines españoles, nos recuerda que el derecho a la educación sigue sin ser universal y que hay decenas de millones de niños y niñas en el mundo alejados de la escolaridad.

Carlos Yáñez está desde el sábado en España para promocionar la cinta y desde entonces no ha parado de hacer cosas que nunca había hecho antes: ir al cine, viajar en Metro, subirse a un ascensor, probar la comida rápida o prestar atención a los semáforos. Ayer le acompañó durante todo el día Claudia García, una niña de su edad que le ayudó a elegir una hamburguesa y después le llevó a su colegio. Carlos relató su historia a los alumnos de 2º de la ESO B del centro concertado Nuestra Señora de la Merced, en la zona norte de la capital.
"Yo soy de Argentina y tardo una hora y media en ir a la escuela. Voy a caballo. A las siete y media de la mañana salgo de casa y llego a las nueve. Estoy en clase hasta las tres y media y a las cinco llego a casa y me pongo a hacer la tarea. Soy el único de la escuela que vive tan lejos. Cuando era más chico, me tropecé y me caí del caballo. Alguna vez hemos llegado tarde porque había nieve. No me da miedo...", iba desgranando Carlos de pie, delante de la pizarra.

Sin ordenador ni nevera

Los críos le acribillaban a preguntas -"¿Te gustaría vivir más cerca del colegio?", "¿Cuando llegas no te duelen las piernas?", "Mientras tú estás en clase, ¿el caballo dónde se queda?"-, y él respondía con timidez, un tanto sobrepasado. Enfrente, los escolares madrileños se sorprendían de que en casa de Carlos no hubiera nevera, ni lavadora, ni ordenador, ni consola de videojuegos...

'Y, si no tenéis televisión, ¿con qué os divertís?', le pregunta Domingo
«Y, si no tenéis televisión, ¿en el tiempo libre qué hacéis, con qué os divertís?», le preguntaba Domingo. Un par de pupitres más allá, Aarónreflexionaba: "¿Sin teléfono móvil podrías vivir? Es que hay gente aquí que no podría...".
Algunos se daban cuenta entonces de hasta qué punto dependen de la tecnología y de otras comodidades.Marta: "Vivo en Algete y tardo una hora y media en ir a clase. Como llegábamos tarde, me tengo que levantar antes y ahora lo hago a las seis y media. Muchas veces me da pereza".
Jorge: "Soy de Paraguay y llevo cuatro años en España. Cuando vuelva a mi país me va a costar. Aquí abres el grifo y ya hay agua caliente, pero allá hay que darle a una palanca".

Proyecto pedagógico

La intención de Pascal Plisson, el director de Camino a la escuela, era hacer algo más que un documental. Por eso, la película forma parte de un proyecto pedagógico más amplio, en el que han colaborado la Unesco, Unicef y la Obra Social La Caixa, entre otros, que incluye una serie documental, una exposición fotográfica y sesiones de debate en los colegios. Sus promotores explican que han ofrecido a los centros de la Comunidad de MadridCataluña, elPaís VascoAragón y la Comunidad Valenciana sesiones matinales de cine a tres euros con materiales didácticos para el profesor.
La idea que, de alguna manera, se puso ayer en práctica en el colegio de Madrid es debatir en clase sobre "la importancia que tiene la educación para las generaciones futuras". Y así se refleja en la película, cuando la abuela de Zahira, la niña que camina 22 kilómetros por el Atlas, le dice: "Estudia para que no acabes como nosotros". O cuando aventura Samuel, el niño de la India al que sus hermanos llevan en silla de ruedas: "Cuando seamos mayores ganaremos dinero". "Si me esfuerzo recibiré una buena educación, conseguiré un buen trabajo para ayudar a mi familia", resumeJackson, el keniata.
http://www.elmundo.es/espana/2015/01/14/54b5987eca474186108b4574.html